Historia y datos artísticos

Historia.

La Capilla de Nuestra Señora de la Aurora de la localidad sevillana de Los Palacios fue erigida a inicios del siglo XVIII a devoción de una corporación rosariana que practicaba el rezo callejero del Santo Rosario. Las obras de dicha capillita se iniciaron en el año 1710, tomando de inmediato gran pujanza y popularidad el rezo callejero del Santo Rosario, tras las misiones practicadas en Los Palacios por los padres Franciscanos del Convento de San Antonio de Arcos de la Frontera.

Al frente de dicha Hermandad rosariana destacó don Salvador Díaz Cano, quien con otros vecinos, hasta un total de doce, elevaron escrito al Vicario General del Arzobispado solicitando la licencia oportuna para la construcción de dicha capilla y erección canónica de la congregación.

La capilla que comenzaron a labrar la dedicaron a la advocación de la Virgen de la Aurora, levantada a sus expensas en el ensanche que existía en la calle Real de Los Palacios, para lo que dicen haber conseguido ya el beneficio de las Justicias de la villa y haber comparecido para ello ante el Prior de las Ermitas, de quien tenían licencia para labrarla y colocar en ella, una vez finalizasen las obras, la Santa Imagen de Nuestra Señora de la Aurora.

Conseguida la correspondiente autorización, comenzó el incipiente colectivo la construcción de la capilla, la cual duró varios años, siendo sus gastos sufragados con numerosas limosnas demandadas entre el vecindario de la población y con el trabajo personal de algunos fieles que lo hicieron de forma gratuita.

Además, el Duque de Arcos como señor de la Villa de Los Palacios, también contribuyó económicamente en la construcción de dicho templo.

Para ayudar a sufragar los gastos de estas obras se llegó a organizar incluso una corrida de toros. Según consta en una certificación de justificación de cuentas presentada ante el Provisor General del Arzobispado en el año 1725, los beneficios obtenidos por la fiesta de toros ascendieron a 10.552 reales.

En 1722, aún sin concluir las obras de la capilla, se estableció en ella ya la asociación del Rosario. Desde ésta procesionaban por la madrugada todos los días indefectiblemente los hombres ejercitando el rezo callejero del santo rosario y cantando sus ofrecimientos y alabanzas, mientras que por el contrario, las mujeres hacían lo propio por las tardes, en el interior del templo. Esta corporación sacaba un estandarte con la imagen de Nuestra Señora, el cual se conserva aún.

A esta piadosa asociación se debe pues, la entronización en los altares de la capilla de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Aurora. Fue tal la devoción que ésta tuvo, que incluso la Calle Real de Los Palacios, donde se encuentra su ermita y que era y es una de las arterias neurálgicas de la villa, pasó a denominarse de Nuestra Señora de la Aurora.


Arquitectura.

Posee una sola nave y su planta es de cruz latina. Está construida con ladrillo, mampostería y tapial. Tiene tres tramos y sus arcos son de medio punto.

La fisonomía actual no es ni mucho menos la originaria, ya que a lo largo de los siglos ha vivido numerosas intervenciones que la han modificado. Mantienen algunos investigadores de la localidad que en 1710 fue edificada únicamente con planta rectangular, a excepción del crucero, pues no fue hasta 1774, año en el que se practicaron en ellas unas importantísimas obras, cuando se levantó. En esas fechas, y durante una década, realizaría funciones de Parroquia, a consecuencia de las obras que se llevaron a cabo en la de Santa María la Blanca y que provocaron el cierre temporal al culto de esta última (1792-96).

En dicha remodelación se cubre su cuerpo con artesa simple, y el presbiterio y brazos del crucero con bóveda de medio cañón.

Pero sin duda alguna, lo más importante fue la cúpula sin tambor con la que se cubrió el crucero. Esta está dotada de un magnífico trasdós en ladrillo tallado, remates cerámicos y linterna con chapitel de azulejos, estando decorada con yeserías de esa época.

En el transcurso del siglo XIX se emprendieron diversas obras de remodelación de cierta envergadura. La más significativa se produjo en el año 1897, consistente en levantar la fachada principal y espadaña, así como el coro alto entarimado. Años más tarde, concretamente en 1892, se amplió su presbiterio, decorándose con una primorosa verja.

Ya en el siglo XX, debemos señalar que la capilla no se vio afectada por los desordenes revolucionarios de 1931, ni por la Guerra Civil (1936-39).

Como dato curioso señalar que al finalizar el conflicto, como en otros muchos pueblos de España, se levantó la llamada Cruz de los Caídos que siempre se situaba delante de una iglesia. En Los Palacios se eligió para ello la pequeña plazoleta que existía delante de la Capilla de la Aurora. Este monumento fue obra de Domingo Alvarez, más conocido como “Vinagre”, que era Maestro de la Villa. La Cruz se bendijo el 5 de marzo de 1939 y allí permanecería hasta que fue derribada en 1985.

También en este siglo, concretamente en la década de los cuarenta, vuelven a realizarse obras en la Capilla de la Aurora. En éstas, entre otras cosas, se restaura la torre de la cúpula deteriorada por el paso de los años y se dota de un alicatado a los muros interiores, usando azulejos con motivos geométricos del estilo mozárabe. Los gastos originados por estas obras fueron sufragados en su totalidad por Doña Amalia Caro.

De poco servirían estas obras porque debido al desuso que sufría la capilla, entró de nuevo en un lento y progresivo estado de deterioro y semiabandono.

Por tal motivo años más tarde, el párroco de Santa María la Blanca don Antonio Sánchez Ramírez, buscando como fin primordial el de adecentarla para que en ella se desempeñase el culto religioso que le pertenecía, insinuó a la Hermandad del Gran Poder, una de las que residían en la parroquia, la posibilidad de trasladarse a dicha ermita con las consiguientes ventajas que aquello supondría para la cofradía. Tras las gestiones oportunas, el 21 de marzo de 1971, la Hermandad trasladaba su residencia canónica a la Capilla de la Aurora.

Tras dicho traslado se hicieron necesarias una serie de reformas, mejoras y acondicionamientos en la capilla.

Con los desfiles procesionales hubo de ampliarse la puerta principal de la portada, que es apilastrada, adintelada y de líneas muy sencillas, para poder dar salida a los pasos. También construyen un retablo que albergue a sus imágenes titulares y que colocan sobre la parte derecha del crucero, además de otras intervenciones de menor importancia.

A partir de este momento es la Hermandad del Gran Poder la encargada de su manutención y conservación, aunque su propiedad recae sobre la Parroquia de Santa María La Blanca.

En 1995 amplían el presbiterio, elevándolo y recortando las rejas que lo rodeaban; restauran el camerín de la Virgen de la Aurora, hallándose una escalera que estaba tabicada, de la que no se tenía conocimiento y que da acceso al ático y parte superior del retablo; acondicionan el coro y le incorporan para su acceso una escalera de caracol de hierro; y por último, reparan las cubiertas del templo, debido a algunas goteras y desperfectos que se habían observado.

Pero fue en enero de 1999 cuando se comienzan las obras de restauración más importantes del siglo en la Capilla de Nuestra Señora de la Aurora, debido entre otras cosas, al mal estado en que se encontraba toda la pintura en su totalidad, acentuándose en la cúpula e interiores y a la instalación eléctrica, cuyo estado podría incluso provocar accidentes de bastante gravedad.

En estas obras se sanean totalmente las paredes de la Capilla y Sacristía, se trata el techo de madera de la nave y del coro, se introduce una nueva instalación eléctrica en sustitución de la anterior, se recorta la mesa del Altar Mayor en unos 35 cm., debido a la dificultad que su anchura presentaba a los sacerdotes para acceder al Sagrario, ganándose al mismo tiempo terreno para la celebración de todo tipo de cultos.

Además, la Cofradía, asesorada por Antonio Fernández Estévez, Delegado Diocesano de Arte Sacro del Arzobispado de Sevilla y Francisco Berlanga de Ávila, escultor, imaginero y restaurador sevillano, acomete la limpieza y saneamiento total de la Cúpula, dejándola en el yeso primitivo. Ésta presentaba un lamentable estado de conservación debido al humo de las velas y a las numerosas capas de pintura que presentaba y que restaban todo el esplendor que posee, de hecho, como dato curioso señalar, que una de las que se descubrió era de color celeste.

Con ocasión de dicha intervención han podido rescatarse, en la rica decoración barroca de yesería, diversas inscripciones extraídas de los Salmos y letanías lauretanas, todas ellas referentes a la pureza, castidad y virginidad de la Virgen María (Anexo II). De igual modo fueron hallados unos espejos, hasta un total de ocho, en las bases de los nervios principales, desconocidos hasta el momento ya que aparecían también pintados, debido posiblemente a su estado de deterioro por la humedad. Cuando dichos espejos se retiraron para su sustitución por otros nuevos, se encontraron tras ellos diferentes calendarios litúrgicos de la época, fechados todos ellos hacia finales del XVIII.

Una vez que se encontraron los yesos primitivos del siglo XVIII, se pasó a resaltar todos sus motivos y adornos, con una nueva policromía, estofados y dorados, llevados a cabo por el artista local y dorador Antonio Manuel Romero Triguero, quien también fue el encargado de hacer lo propio en la cúpula de la Capilla Servita de la Hermandad de los Dolores de Los Palacios junto con su hermano Fernando Jesús. Además, cada símbolo mariano que aparece fue complementado con su significado bíblico en latín, gracias a la documentación llevada a cabo por el historiador e investigador palaciego Julio Mayo Rodríguez.

Además, todos los retablos que se encuentran dentro de la Capilla, a excepción del de Santo Domingo y el Tríptico de la Hermandad, fueron también restaurados por Antonio Manuel Romero Triguero, el cual los dotó de una nueva policromía, dorados y estofados con relación a los que ya poseían.

Por todo esto, no nos equivocamos al señalar que gracias a la Hermandad del Gran Poder, la Capilla de Nuestra Señora de la Aurora no ha caído en el olvido y poco a poco está comenzando a recobrar la importancia que tuvo allá por el siglo XVIII. Además, esta cofradía en la depositaria de cuidar la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Aurora, la cual es sacada en Santo Rosario Público, siguiendo la antigua costumbre, en el mes de octubre, celebrándose en su honor un Triduo en el mes de María, o sea, en mayo.


Retablos e imaginería.

En la Capilla de Ntra. Sra. de la Aurora nos encontramos con un total de cinco retablos, los cuales os iremos presentando a medida que avanzamos hacía el interior del templo.

En el muro izquierdo, el retablo de la “Trinidad” o “Padre Eterno”. Este es de hornacina, con un cuerpo y una calle, en madera dorada y pintada, decoración de hojarasca y rocalla del último tercio del siglo XVIII. Contiene un óleo muy repintado (2,23 x 1,55) del mismo periodo que representa a la Santa Trinidad y del cual se desconoce su autor.

Dicho retablo, según el investigador Federico García de la Concha en su obra “De Triana a Sevilla: La Hermandad de San Benito”, se cree que no es originario de la Capilla de la Aurora, pues mantiene que vino procedente de la Ermita de la Encarnación de Triana, poco después de que ésta fuese cerrada al culto hacia 1868, como consecuencia de la Junta Revolucionaria antimonárquica que se constituyó en la ciudad de Sevilla. De la Concha hace tal suposición por un documento del 17 de Octubre de 1874, en el que el párroco de Santa María la Blanca, Emilio Guzmán, elevaba su petición y solicitaba entre otras cosas: “un lienzo de medio punto del Padre Eterno, otro de la Asunción, un retablo mayor, cuatro retablos pequeños, un San Rafael y un San José, etc.”, enseres y objetos de culto que fueron concedidos y recogidos (éstas se hallaban en la sala capitular de la Hermandad de la Concepción de la Parroquia de Santa Ana de Triana) una semana más tarde.

Frente a éste, en el costado derecho, se encuentra el retablo de San Blas, el cual tiene un cuerpo y tres calles. Está realizado en madera policromada imitando mármoles, presenta columnas neoclásicas y una mesa de altar a juego. Está datado a finales del siglo XIX.

La calle central está ocupada por la imagen de San Blas, mientras que en las otras dos se encuentran las figuras de San José y Santa Rita de Cassia. Estas dos, junto con las de San Judas Tadeo y Nuestra Señora de Fátima que se sitúan sobre la mesa de altar, son de reciente adquisición y de poco valor artístico. La imagen de San Blas, llegó a Los Palacios en 1896 procedente de la colegial del Salvador, siendo donada por el presbítero don Francisco Manzano.

En la parte izquierda del crucero nos encontramos con el retablo de Santo Domingo de Guzmán, sin duda alguna, el de mayor calidad de todos los que se hallan en la Capilla. Este consta de un cuerpo y tres calles separadas por columnas salomónicas y estípites. Está tallado en madera en blanco, sin dorar, con decoración de hojarasca y conchas, respondiendo a la corriente tardía del Barroco y datable en la 2ª mitad del siglo XVIII, pues posiblemente fue labrado hacia 1774 para acomodar en su sagrario el Santísimo Sacramento que, como mencionamos anteriormente, fue trasladado aquí desde la Parroquia Mayor de Santa María la Blanca mientras que en ésta se acometían unas obras.

En el lateral derecho de dicho retablo, se sitúa la imagen de San Antonio de Padua (0,64). Esta es una talla en madera policromada de finales del siglo XIX, de autor anónimo. Porta una diadema en plata de ley datable en la misma época que la imagen y con un diseño semejante a los de M. Palomino, aunque no hay ningún documento que así lo certifique. Esta imagen en tiempos pasados, fue la que ocupó la parte central de este retablo, de hay que los más mayores lo conozcan todavía como el retablo de San Antonio.

En la hornacina central Santo Domingo de Guzmán (1,10). Imagen de candelero en madera policromada del siglo XVIII y autor anónimo, que porta en la mano izquierda un libro y en la derecha lleva estrella de plata. Esta imagen parece ser que procedía de la antigua y desgraciadamente hoy desaparecida Capilla de Jesús, que curiosamente era propiedad de la Cofradía del Gran Poder.

Y en el lateral izquierdo el Arcángel San Rafael (0.75). Talla en madera policromada con estofados en oro de finales del siglo XVIII y de autor anónimo. Esta es una imagen de altar que al parecer ha estado incrustada en otra pieza de la que formaba parte.

Tras analizar detenidamente la decoración y los motivos alegóricos del altar de Santo Domingo y los muchos rasgos que tiene en común con la cúpula (alegorías del sol y la luna, escudo mariano, etc.), así como la fecha aproximada en la cual se data, todo parece indicar que pudo ser el retablo que se encontraba en el Altar Mayor de la Capilla durante los primeros tiempos y en el cual se hallaba la imagen de Nuestra Señora de la Aurora.

Flanqueando este altar, en sendas peanas de madera, se veneran las imágenes de San Antonio y de la Inmaculada Concepción, donada esta última en 1926 por el entonces presbítero don Manuel Cortés. 

Frente a éste, en el crucero derecho, se encuentra el retablo más moderno que alberga las imágenes titulares de la Hermandad del Gran Poder. Este es un altar tríptico en madera dorada de estilo neobarroco, a semejanza del Altar Mayor de la Basílica del Gran Poder de Sevilla. Fue obra de Manuel Guzmán Bejarano y se inauguró en 1973.

En la parte izquierda se sitúa María Santísima de la Soledad, obra de Francisco Buiza (1971). En el centro encontramos a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, obra de autor anónimo y que responde cronológicamente a características iconográficas comunes de la segunda mitad del siglo XVII. Por su parte,, en la derecha de esta altar se sitúa San Juan Evangelista, obra de Francisco Berlanga de Ávila (1999)

Y por último, en el Altar Mayor de la Capilla, y ubicada en una hornacina, recibe culto la milagrosa imagen de Ntra. Sra. de la Aurora, una talla del XVII y autor anónimo. Anteriormente, estuvo ubicada en un retablo formado por un cuerpo, tres calles y ático, realizado en madera policromada, imitando mármoles, con columnas neoclásicas y datable en el siglo XIX. Dicho retablo hubo de ser retirado, con el pertinente permiso de la autoridad eclesiástica, durante el proceso de las obras de restauración de la Capilla de Ntra. Sra. de la Aurora llevadas a cabo durante 2011, debido al lamentable estado de conservación del mismo, al encontrarse afectado por xilófagos y humedades. Desde entonces se conserva en dependencias de la Hermandad, perfectamente catalogado y signado.

En una hornacina situada en el lado izquierdo del crucero nos encontramos con un Niño Jesús (0,64), el cual es de madera policromada, de la primera mitad del siglo XVII y de autor anónimo. Esta imagen ha sido sometida a considerables reformas que lo han deteriorado por las que, entre otras cosas, se le incorporaron unos ojos de cristal y se le retalló el pelo. Este niño porta además dos importantes piezas de orfebrería: una cruz de plata lisa con motivos pasionistas burilados y unas potencias de plata repujada, ambas del siglo XVIII.

También recibe culto en este templo un Niño Jesús, ejecutado en madera policromada, muy probablemente del siglo XIX, imagen que estuvo ubicada en una hornacina que se encontraba junto al retablo de la Hermandad del Gran Poder y que hoy en día se halla tabicada.

Por desgracia se desconoce el paradero de otros objetos importantes, quizás no por su calidad artística pero sí por su antigüedad, y que formaban parte de la fisionomía interna de la capilla hasta prácticamente mediados de la década de los 90.

De esta manera, ha desaparecido el púlpito y su tornavoz, realizados en madera policromada a finales del siglo XVIII, así como una puerta casetonada de la misma época.


Pinturas.

En los muros de la capilla existen diferentes óleos de buena factura todos ellos y de características murillescas la mayoría. De esta forma nos encontramos con dos pinturas del tránsito entre los siglos XVII y XVIII que representan los Desposorios de la Virgen y la Adoración de los Pastores, salidos de la misma mano, con trazos murillescos y que forman pareja (1,63 x 2,34).

Junto al altar de la Trinidad se haya un óleo de San Diego de Alcalá del siglo XIX, con marco dorado contemporáneo (2,15 x 1,45). También de ese siglo, nos encontramos con otros dos lienzos, uno que representa la Aparición de un arcángel a San Francisco de Paula, en la parte izquierda del crucero y otro de la Aparición de la Virgen a San Félix de Cantalicio, copia del original de Murillo, sobre el otro lado del crucero.

Además, frente al de San Francisco se sitúa un lienzo del siglo XVIII con un Cristo crucificado, excelente copia de un original de Murillo.

Del siglo XIX también, en el muro de la epístola existe un óleo de la Asunción, que según el ya citado Federico García de la Concha podría proceder de la Ermita de la Encarnación de Triana. Este lienzo es citado por el escritor Felipe Cortines Murube en su obra “Capítulo Historial de la Asunción de Nuestra Señora en Sevilla” de la siguiente forma: “No quiero olvidar que la iglesia de la Aurora, en la villa de Los Palacios, guarda el precioso donativo de un lienzo del Trànsito, donde la actitud del Apostolado es de notable dramatismo, y que el pie del Sepulcro tiene dibujado un libro abierto y algunas flores, como símbolo de la Pureza da la Vida de la Virgen”.

Dentro de este apartado debemos señalar que existen tres exvotos realizados al óleo de comienzos del XIX, dos de los cuales presentan un texto que nos indica la fecha y el milagro realizado por Nuestra Señora de la Aurora (Anexo III).

Delante del retablo principal, nos encontramos con el guión de la antigua Hermandad del Rosario (1,22). Este está realizado en terciopelo rojo bordado en plata, decorado con rocallas estilizadas y con óvalo pintado al óleo que representa la Inmaculada, del siglo XIX.

A ambos lados de dicho retablo se hallan dos lámparas (0,30) en plata repujada y cincelada con decoración de rocalla y que tienen las siguientes leyendas: “ESTA LAMPARA ES DE Nra. Sª DE LA AURORA SE COSTEO A DEBOSION DE Dº THERESA BARQUERO EL AÑO 1783” y “ESTA LAMPARA ES DE Nª Sra. DE LA AURORA SE HIXO SIENDO MAYORDOMO DN. LOPE IDALGO Aº 17 44”.

Dichas lámparas están sostenidas por dos ángeles lampadarios, en madera recortada y pintados al óleo, de comienzos del siglo XIX.

Finalmente se conserva un cáliz (0.25) de la segunda mitad del XVIII, realizado en plata lisa, con los punzones: “AMAT”, “TRIAS” y otro ilegible.